domingo, 2 de junio de 2013

Adiós con sabor a Hasta luego y Hola con sabor a reencuentro

Hay muchas formas de despedirse,pero siempre llegan a ser difíciles.
Aun recuerdo la primera vez que le dije adiós a mis padres en la puerta del colegio mayor en Madrid,ese adiós que sabia que seria un hasta luego,pero aun así,fue difícil de pronunciar sin soltar una lágrima.
Recuerdo el primer hola cuando volví a casa,ese hola que me recordaba por que los había echado tanto de menos.
Pero sigo sintiendo esa sensación en el estomago,cada vez que les digo adiós a mis padres y a mi ya no tan pequeño hermano,pero es lo que decidí hace ahora tres años.
Nunca llegue a pensar que diría tantas veces adiós,ni tantas veces hola o te echo de menos,pero es lo que sucede cuando decides estudiar a 300km de casa y además una de esas carreras en las que a penas tienes tiempo para cogerte un tren y llegar a casa.
Siempre elegimos de quien despedirnos y a quien no decir nunca adiós,esas son las decisiones que te hacen ver quienes son tu familia,quienes no importa y quienes nunca han estado en tu vida.
Sin querer ser una grandilocuente y mucho menos un intento de biografía o reflexión poética y complicada a lo Pío Baroja;es mi forma de decir que las despedidas nos ayudan a ver quienes importan.

Que un adiós esconda un hasta luego y que un ojalá no esconda un nunca.

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